‘Mi experiencia #25’ | Lo que no cuentan los Medios

Ana Hernández es madre de familia. Su trayectoria vital le hace comparar lo ocurrido con tiempos pasados y arrinconados, con mucho empeño, en el olvido de much@s. Esta Soriana afincada en el Este de España no entiende de una actitud pasiva ante las injusticias. Ella estuvo en el #25S.  Y así lo relata en su blog:
Desde la primera vez que oí hablar de “Okupa el Congreso”, tuve claro que quería estar allí.
Por supuesto, lo entendí de modo metafórico y, por supuesto, de ninguna de las maneras era mi intención entrar al Congreso y sentarme en uno de aquellos aterciopelados asientos y empezar a administrar justicia, proclamar leyes ni establecer un nuevo orden constitucional.
Mi idea era tener un espacio y un momento donde poder gritar mi indignación y poder decirle directamente a este Gobierno -que consiguió mayoría absoluta en las urnas, sí, pero tras 8 años de absurda e incompetente oposición con el único objetivo de lograr el poder y tras una campaña electoral plagada de mentiras- que esta política que estamos sufriendo, no tiene absolutamente nada ni de justa ni de democrática y que mientras me quedase voz, no iba a dejar de pedir su dimisión.
Tampoco es que tuviese muy claro cuales eran las reivindicaciones concretas pero sí creía “a pies juntillas” que se promovía desde un entorno pacífico, solidario y hambriento de justicia como tantas otras manifestaciones y protestas en las que había participado y en las que sólo la actuación policial había conseguido romper la armonía de la reivindicación.
Después vinieron los rumores de que detrás estaban movimientos de ultra derecha. Lo cierto es que empecé a poner un poco más de oreja -porque para nada hubiera querido apoyar a semejante fauna ni siquiera con el pensamiento- pero pronto me di cuenta de que eso no era ni podía ser verdad, así que seguí en mis trece, erre que erre, de que había que apoyar.
Después vinieron los matices, las divisiones, los acuerdos y finalmente parecía que la convocatoria estaba perfilada al más puro estilo de mi reivindicación. Ya había decidido que quería ir pero entonces ya si que decidí que no podía faltar.
Pero había una parada intermedia antes del #25S, la macro manifestación sindical del #15S. Tal vez si hubiera resultado un éxito y dado que mi compañera estaba de vacaciones y que por tanto no parecía razonable que yo pidiese el día, habría renunciado a asistir.
Pero claro, aquello fue casi un sueño. Y cuando al día siguiente de la paliza a Madrid, en el Telediario 24 horas del domingo, vi que dedicaban el mismo tiempo a un grupo de mindunguis con una bandera de España que acudían a entregar una carta a no sé quien protestando por la excarcelación de Bolinaga, que a los miles de personas que habíamos pasado muchas horas en autobuses y otras buenas horas bajo el implacable sol para luchar por los derechos de la mayoría absoluta de los españoles, empecé a pensar que efectivamente, iba a tener que ir.
Después llegaron las noticias de detenciones de los promotores del #25S; detenciones por portar pancartas en apoyo de dicha protesta; el acoso que estaban sufriendo los lugares y sedes donde el #15M ejercía su magnífica e importante labor social y política (que estaban siendo literalmente desmontados) y decidí que, pesase a lo que pesase, no podía faltar, aunque he de reconocer que en algún momento llegue a flaquear por si semejante osadía podía perjudicar el futuro de mi familia, de mis hijas, en caso de que me detuvieran con cualquier imputación de delito real o figurado.
Pero como soy persona razonable, triunfó la razón. ¿Estaba dispuesta a vivir con miedo y a que mis hijas vivieran con miedo el resto de su vida? Pues no. Valía la pena arriesgarse.
Al llegar a Madrid, el ambiente era fantástico y no menos fantástico cuando a las 18:00 horas comenzó a llenarse la plaza de Neptuno de miles de personas como yo, con la misma indignación, con la misma sed de justicia, con los mismos deseos de una democracia de verdad por y para el pueblo y con las mismas quejas contra los mismos delincuentes: los que desde sus estamentos de poder, político y económico -o ambas cosas pues ya nadie es capaz de separarlas-, estaban haciendo a la mayoría humilde de ciudadanos pagar una crisis de la que no eran culpables; desde el robo de los derechos laborales, los recortes en sanidad y educación hasta la recesión que pone cada día más en peligro la supervivencia de más y más hermanos en este país.
Lógicamente, las sospechas también se confirmaron. Estaba claro que cuando habían montado tal despliegue policial bajo supuestas sospechas de “golpe de estado” y de “ataque a las instituciones o a sus representantes” -aun a sabiendas de que la convocatoria procedía del ala más pacífica y razonable de la sociedad española- había que justificar dicha exageración represora.
Lo que menos de todo quería creer es que la guerra iba a tener en los dos bandos a los mismos contendientes: las personas que tienen a su cuidado nuestra seguridad.
Tuve suerte de ir muy bien acompañada y aconsejada para evitar el peligro y, como no soy de las que dan pero tampoco de las que van dispuestas a recibir, logré eludir los brutales ataques policiales.
Viniendo en el autobús de vuelta a casa, los videos que iban subiendo a tweeter y las noticias que llegaban me hicieron recordar la represión, franquista o de cualquier otro poder totalitario y dictatorial, y el terrorismo de Estado de los GAL, pero aun así no me lo quería creer: “autodefensa personal”. Supongo que muchos españoles también la están utilizando para no salir a protestar.
El video de #esteescompañero, lamentablemente me lo confirmó. Los policías que se infiltran en las manifestaciones han de hacerlo entre la masa y para controlar los posibles disturbios entre los manifestantes, para salvaguardar su seguridad. Cuando se ponen enfrente de sus compañeros no es para ayudarles, porque los acorazados y armados no necesitan la ayuda de encapuchados desarmados. No se me ocurre para que otra cosa estaban allí salvo para reventar lo que era y es una reivindicación ciudadana justa y pacífica. No se pueden cerrar los ojos a la realidad.
Por eso ahora, más que nunca, tengo claro por qué hay que luchar. Porque si ya tenía pocos motivos, añado uno más. Hay que luchar contra este injusto e inhumano sistema que, entre otras muchas cosas, no sólo protege sino que alaba esta forma de represión y permite que “pase sin que nada pase”.
No creo que vuelva a Madrid el #29S; espero poder apoyar desde Valencia. Ya no es que anime a que la gente vuelva a rodear el Congreso porque no creo que haga falta si los videos y pruebas de la aberración no lo han conseguido. Pero creo que está claro que, o estás con ellos o estás contra ellos.
Esta mañana lo ha dejado bien claro nuestro amo Rajoy que además pretende decir que los que se callan, están de su lado.
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