El precio de soñar lejos

Hablaba hace unos minutos con un buen amigo que conocí el primer año de mi estancia en Londres. Por mensaje. Un amigo al que he visto 3 veces en mis dos años y pico de vida inglesa y que, por cierto, me hace sentir afortunada por eso, porque es un amigo.

Hablaba hace unas horas con una prima a la que he conocido en Londres, curioso, bonito. Lo hacíamos por Facebook. Con ella comparto lazos de sangre, inquietudes, camino y confidencias. Tener a esta valiente más cerca que nunca me llena muchísimo.

Hace dos días hablaba con mi gran amigo en esta ciudad, mi compañero de sueños y de viajes, mi confidente; y lo hacía por Skype, a pesar de vivir a unas cinco manzanas y de ser quien más sabe de mí aquí, antes y ahora. Y bueno eso, nos teníamos que poner al día.

Con mi colega flamencolevantina, la ‘protón’ portadora de la mejor energía pa’ vivir con la que he compartido rutina y con la que además he pasado los últimos mejores ratos de mi estancia en la ciudad porque suele provocar risas… con esta persona tan especial y salada nos reunimos cada dos días más o menos en la cocina o en el pasillo de nuestra casa y repasamos el mundo en dirección ‘autorrealización’. Divagaciones de pasillo. Siempre un placer. Qué suerte tenerte cerca.

Y con mis ‘especiales’, a quienes encontré en el mejor momento de mi vida en Londres hablo a través whatsapp también. Nos ponemos al día y hablamos de cuándo será la próxima. Algo que suele depender más de mí que de ellxs, porque yo tiendo a hibernar hasta que salga el sol que yo quiero ver.

Quiero a todxs en mi vida. A los que encajan ahí arriba y a aquellxs con quienes me une otro tipo de relación. Todxs tienen algo en común. Son especiales para mí, no los veo tanto como quisiera y son luchadorxs y EMIGRANTES con quienes alguna vez he puesto en común alguno de los aspectos que os detallo a continuación.

Cuando te marchas de casa, sacarte las castañas del fuego es la tip más importante. Una tip que resta tiempo a la amistad, a la familia, a las pasiones, a la introspección. Y es que hay que trabajar. Buscar trabajo es un MUST, pagar facturas es otro, sobrevivir decentemente es otra obligación, programar en la medida de lo posible es otra cosa indispensable porque la vida es una, pero no interminable. Vamos, que nos pasamos los días queriendo mejorar nuestra situación (obviamente) restándole tiempo y dedicación a lo realmente importante. A lo que llena el alma y no el bolsillo.

A veces pasa que optas por la búsqueda de trabajo en lugar de ir a reunirte con un colega; o que prefieres un verano empleado en un trabajo precario en UK a dos semanas con tus sobrinxs, amigxs … en tu tierra, porque total, ellos siempre están y de tu trabajo depende tu futuro, etc…

El camino de quienes dejan sus casas está marcado por el atrevimiento, la ilusión, las expectativas, el trabajo, la rutina, el ‘quiero y no puedo’, la distancia, el idioma, y, por supuesto por factores positivos como la diversidad, la motivación, las ganas, la explosión de reclamos artísticos, culturales y las diferentes maneras de asumir lo que es o no NORMAL.

El trayecto de quienes, como digo, dejan sus casas está marcado por la lucha (a días lo hacemos con alegría y otras veces bajamos al ring con mala leche). A veces se lucha tanto por conseguir lo que se quiere, que se invierte mucho tiempo haciendo lo que no se quiere. Y a veces, incluso, los objetivos cambian a mitad de camino y la lucha se prolonga y se hace más intensa, y llega el día en el que te planteas: ¿merece la pena? Pero normalmente todo continúa cuando te dices: ‘ahora que he llegado hasta aquí, ¿por qué no seguir.?’

Y sigues hacia adelante con el deseo de crecer aquí o allí, pero lejos de casa. Conviviendo con una descompensación importante entre estabilidad y disfrute de tus pasiones (origen) e incertidumbre (sueños y camino por recorrer).

Y no sé si esto todos lo vivirán de la misma manera, imagino que no; lo que sé es que aunque no con este planteamiento, este tema es vox populi entre la población inmigrante en esta ciudad. Un hilo conductor entre la inmensa mayoría de personas con ‘espíritu aventurero’, que diría Marina del Corral, la oportuna secretaria general de Inmigración y Emigración  que pasará a la historia de España por haber metido la pata hasta el fondo y por no tener ni puñetera idea de todo lo que te pierdes estando ‘fuera’, aunque nadie te haya invitado a marcharte.

Porque, ¿es cierto o no que pagamos un precio muy alto al decidir LIBREMENTE y sin coacción buscar la felicidad fuera de nuestras casas? Yo creo que sí, y es justamente esta afirmación la que compartí con la primera persona que cité hace ‘unos minutos’ y que, por cierto, me llevó a escribir esta parrafada.

Además de estar separados de nuestras familias, etc, nuestro afán de mejora nos impide disfrutar como quisiéramos de los afectos que han crecido aquí, camino de nuestros sueños.

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